lunes, 19 de enero de 2009

Evolucionismo: ¿Dogma científico o tesis teosófica? (3)


Orlando Fedeli
Fábio Vanini, biólogo
Marina Marques Vanini, doctoranda en Biología
Marcelo Murai, Maestro en Biología
Luciana Kauer Murai, graduada en Biología
Dr. Daniel Almeida de Oliveira, Médico


II - EVOLUCIÓN Y METAFÍSICA



1 - EL PROBLEMA DEL ORIGEN DE LA VIDA


o que es la vida y cual a su origen son dos problemas que, escapando del puro campo biológico, se extienden a la Metafísica y a la Teología. no es de espantar, pues, que las discusiones sobre el evolucionismo resbalen siempre para el terreno religioso.
No mundo, a grande distinción es entre seres racionales y seres puramente materiales.
Acontece, sin embargo, que mismo entre los seres puramente materiales aparece la vida, y que el hombre, aun que dotado de alma racional, espiritual por tanto, tiene también un cuerpo animal. De ahí nacen algunos problemas importantes. Estos son algunos:

1- ¿Qué es la vida vegetal y qué es la vida animal?
2 - ¿tendrían ellas origen puramente material?
3 - ¿Habría en el vegetal y en el animal un principio vital que no fuese estrictamente material?
4 – La solución de esas cuestiones, ¿qué problemas traería para explicar lo que es el hombre?

Con la decadencia de la filosofía Escolástica, al final de la edad Media, dos tendencias se harán marcantes:

1a. - Corriente Materialista - teniendo raíces en la filosofía Nominalista de Ockham, el materialismo adquirió, posteriormente, múltiples formas. En todas, se procuraba dar a los problemas metafísicos una solución de carácter racionalista, cientificista, mecanicista y materialista. No es a la toa que defiende el filósofo nominalista, Ronaldo Fisher, en su libro The Genetical Theory of Natural Selection. (Oxford: Clarendon Pres, 1930; New York: Dover Pubns., 1958).


2a - Corriente Gnóstica - en directa oposición al materialismo, se desarrolló una corriente cuyos orígenes remontan a Eckhart y al misticismo de las sectas medievales, y que, rechazando total o parcialmente la materia, afirman un dualismo que da valor y realidad sólo al espíritu. De fondo platónico y gnóstico, se multiplican las sectas secretas esotéricas, desde que se perdió la seguridad de la Escolástica y la sumisión a la Iglesia y a la primacía de la Fe. Estas sectas, en general, eran anti-racionales, anti-científicas, mágicas, y contrarias a la materia que consideraban prisión del espíritu y producto del Dios del mal.

Con relación al problema del origen de la vida la corriente materialista decía que la causa de la vida era totalmente material. La simple ordenación de la materia tendría el poder de generar la vida. De modo general, las corrientes evolucionistas se afilian al materialismo.

En oposición, la corriente espiritualista y gnóstica, afirma que la vida es la manifestación de un espíritu divino inmerso en la materia y que procura libertarse. Las sectas alquímicas están en este último caso.
A posición de Teilhard de Chardin procura conciliar las dos corrientes, aun que su pensamiento sea típicamente gnóstico.

Ya sea la explicación mecanicista de la vida adoptada por la corriente materialista, ya sea la concepción vitalista y espiritualista de la vida, de la corriente gnóstica, se oponen a la concepción católica y a la Escolástica.

Por reacción al mecanicismo materialista, algunos néo- escolásticos terminaron - por equívoco - tendiendo a dar una solución de tonos vitalistas al problema de la vida vegetal y animal.

Para Santo Tomás, la vida vegetal y animal corresponde a la forma substancial material de la planta y del animal. La doctrina hilemorfista de Aristóteles y Santo Tomás afirma que en todo ser material hay una composición de materia y forma substancial. En los vegetales y animales, la materia es ordenada potencialmente a tener vida vegetal o animal, que les es dada por su forma substancial material. Así, la vida de una planta o de un animal corresponde a su forma substancial. El morir del animal y de la planta es la pérdida de su forma animal o vegetal, apenas eso. En la planta y en el animal no hay entonces ningún principio vital extrínseco a la materia.

El problema es cómo se da la constitución del ser vegetal y del animal por la actualización de la potencialidad de la materia a tener vida. En otras palabras, cómo la potencia de la materia a tener vida es actualizada por su forma, sin la cual ella no es ni vegetal ni animal. Es claro que la pura potencia no existe, y, por tanto no existe la pura materia en cuanto sólo potencia. La materia del vegetal y del animal es la misma materia mineral, esto es, es una materia que tiene ya materia y forma mineral.

Como entonces la materia mineral pasa a ser vegetal?

Para los mecanicistas, la materia mineral, simplemente por su ordenación se transforma en vegetal, esto es, hacerse materia viva.

Para los vitalistas, el vegetal sólo se vuelve tal por la inclusión en él, a partir del exterior, de un “espíritu” el principio vital.

Para la filosofía escolástica, ni el mecanicismo, ni el vitalismo corresponden a la verdad. La materia mineral se vuelve vegetal por la asunción de una nueva forma. Así como la madera es tal por su forma substancial, y pasa a ser ceniza, cambiando de forma substancial por la acción del fuego, así también la materia puramente mineral se hace vegetal, y por tanto viva, por un cambio de forma substancial.

Entretanto, queda responder una cuestión crucial: ¿qué hace a la materia mineral cambiar a forma substancial vegetal?

En la doctrina aristotélica-tomista, nada pasa de potencia para acto de por sí. Todo movimiento exige que el Ser en potencia para una cualidad reciba esa misma cualidad de otro ser que ya la posee en acto.

Habiendo la materia mineral la potencia de hacerse viva por la asunción de una nueva forma substancial, es necesario que esa forma sea dada - por lo menos inicialmente - por otro ser que no sea la pura materia mineral que, estando en potencia para la vida no puede tenerla actualmente.

De hecho, en el Génesis se lee que, al principio Dios dice: “produzca la tierra hierba verde y que de simiente y árboles frutales que den fruto según su especie, cuya simiente esté en ellos mismos para reproducirse sobre la tierra" (Gen, I, 11). Y aún: “Produzcan las aguas reptiles animados y vivientes y aves que vuelen sobre la tierra bajo el firmamento del cielo. Dios creó los grandes peces y todos los animales que tienen vida y movimiento, los cuales fueron producidos por las aguas según su especie, y todas las aves, según su especie” (Gen, I, 20-21).

En el texto del Génesis está dicho que Dios usó la tierra y las aguas como materia, y su orden infundió en la materia la forma vegetal o animal. De paso, conviene notar que el texto del Génesis afirma que cada planta y animal fue creado capaz de dar fruto “según su especie”, y que esta expresión es diez veces repetida en el primer capítulo del Génesis.

Concluyendo, la vida vegetal y la vida animal no son ni el resultado de una ordenación mecánica, ni la inserción de no se sabe bien qué espíritu vital en ellos, sino simplemente la forma substancial vegetal (puramente material) de la planta, y la forma substancial animal (puramente material) del animal.


2 - EVOLUCIÓN Y PRINCÍPIOS DEL SER


El buen sentido y la metafísica enseñan:
1. Que el Ser es idéntico a si mismo. (Principio de identidad). Pan es pan. Piedra es piedra.

2. Que una cosa no puede ser y no ser, al mismo tiempo, bajo el mismo aspecto. (Principio de no-contradicción).

Estos dos principios derivan de la propia noción del ser Absoluto, Dios.

En efecto, conforme demuestran Aristóteles y Santo Tomás de Aquino, repugna a la perfección del ser absoluto la posibilidad de cambio. El Ser perfecto no puede ni hacerse más perfecto, ni decaer de perfección. Dios, siendo puro acto, sin ninguna potencia, es incapaz de cualquier cambio.

Cambiar es pasar de potencia de una cualidad para la realización o posesión de esa cualidad. Dios no tiene potencia pasiva. Luego, Dios no puede cambiar.

Y es impresionante constatar que, aquello que Aristóteles concluyó con su raciocinio, Dios ya lo dijera en las Sagradas Escrituras.

Así, cuando Moisés preguntó a Dios cuál era su nombre, Dios le respondió:
"EGO SUM QUI SUM" ["Yo soy el que soy"] (Ex. III, 14). Dios es aquel que no cambia.
Esto fue confirmado por Dios en otros pasajes:
"Ego enim Dominus et non mutor" ["Yo soy el Señor y no mudo"] (Mal..III, 6).
"Non est Dios quasi homo, ut mentiatur: Nec ut filius homini, ut muetur" [“Dios no es como el hombre, capaz de mentir; ni como el hijo del Hombre capaz de cambiar"] (Num. XXIII, 19).

Entonces, el Ser por excelencia es inmutable.
Frente al Ser absoluto, sólo hay dos visiones posibles:

1a. -- o se admite lo que El es, como El es;

2a. -- o se Lo niega, afirmando que El no existe (ateísmo) y que sólo existe a cambio (Gnosis).

Los seres creados son seres por analogía con relación al Ser absoluto. Todo ser creado tiene cualidades en acto y cualidades que puede llegar a tener, que están en potencia.

Cambio o movimiento es el paso de potencia para una cualidad para la posesión de aquella misma cualidad. cambiar es pasar de potencia para acto, con relación a una determinada cualidad.

Todo ser creado cambia.

Si se niega que los seres contingentes cambian, entonces se los iguala a Dios, cayendo en el panteísmo. Fue este el error de Parménides, al no distinguir los seres por el principio de la analogía, y afirmando entonces que sólo existe el Ser absoluto, inmutable. Al caer en ese error, identificaba el Ser de la piedra con el Ser divino, y tenía, entonces, que negar la evidencia de los cambios.

Heráclito cayó en el error opuesto al afirmar que sólo había cambio sin que existiese un sujeto que cambiaba. De este modo, Heráclito negaba el Ser y caía en la Gnosis.

Los seres creados son análogos, esto es, semejantes al Ser absoluto. En los seres por analogía, algo no cambia y algo cambia.

Cada ser análogo es lo que es, por su forma substancial.

También la forma substancial es capaz de cambios: la madera quemada se vuelve ceniza. Pero ella no puede ser madera y ceniza al mismo tiempo. Ni es capaz de cambiar por sí misma.

Para cambiar, ella tiene que recibir la cualidad para la cual está en potencia, de otro ser, que tenga aquella cualidad en acto.

Para el evolucionismo, tal no acontece.

El ser tendría, en sí mismo, una fuerza inmanente que lo llevaría necesariamente a hacer germinar lo que en él ya existía en estado latente.

El primer y único ser sería como una simiente de la cual germinó todo el universo.

Como afirma la dialéctica hegeliana, el Ser es lo que no es, y no es lo que es.

Es la negación, per diametrum, del "Ego sum qui sum " de la Escritura.


3 - EVOLUCIONISMO Y ANALOGIA DEL SER


Vimos que hay una estrecha relación entre el evolucionismo y una concepción o monista-panteísta del ser, o una visión gnóstico-dialéctica del universo. De cualquier modo, el evolucionismo afirma un igualitarismo metafísico: en el fondo, todas las cosas serían transformaciones de un único ser, o material o espiritual.

En ambas las variantes -- panteísta o gnóstica - se niega que el universo tenga sido creado por un Dios trascendente.

Por otro lado, la afirmación de que todo, en el fondo, es una sola realidad, redunda en una negación de la analogía del ser.

En efecto, en el universo constatamos una jerarquía metafísica.
Todo lo que existe es ser, pero no es ser del mismo modo. El concepto de ser no es ni unívoco, ni equívoco, sino análogo.

Así, el pié de una silla, el pié de un animal y el pié humano tienen algo en común: todos sustentan algo. Entretanto, el pié de la silla sólo es "pié" en la medida en sustenta a silla, del mismo modo que el pié sustenta el cuerpo humano. El pié de la silla ni tiene vida, ni tiene las cualidades múltiples de un pié de verdad. El "pié" de la silla sólo es "pié" por comparación, por analogía con el pié humano.

El "pié" de un animal se parece más con el pié humano, porque tiene vida y más otras funciones semejantes a las del pié humano. En razón de aquello que difiere de un pié humano es que se le da el nombre de pata, y no de pié. Pié verdadero, es sólo el del Hombre. Pié de la silla y pié de animal son pies por analogía o semejanza con el pié humano.

Del mismo modo, todo lo que existe es ser. Sin embargo, las cosas que encontramos en el universo apenas tienen el ser. No son el Ser.
Ser, en sentido propio y absoluto, es aquello que existe por si mismo, que es inmutable, eterno y infinito. En sentido estricto, sólo Dios es Ser.

Las cosas que Dios creó son semejantes a El en grados diversos.

En la medida en que una cosa posee cualidades en acto, en esa misma medida se parece con el Ser y es ser.


Así las cosas puramente materiales tienen la menor analogía con el Ser absoluto, y son, pues, el menor grado de ser posible. Ya los vegetales, además de existir, tienen vida. En el hombre, la forma racional lo hace una imagen de Dios, y, por eso, el Ser humano es mucho más semejante al Creador.

Los ángeles, por fin, siendo puros espíritus, se parecen más con Dios que el hombre. Hay, pues, una escala metafísica en el universo, cada reino transcendiendo al inferior, del mismo modo - no en el mismo grado -- que Dios transciende el universo creado.

Para el evolucionismo, no existiría realmente una jerarquía metafísica, pues lo que es hoy una piedra, con el tiempo y gracias a la evolución se volverá, ser vivo, ser racional, y - ni todos lo dicen explícitamente como lo hace Teilhard de Chardin - finalmente se volverá Dios.

El evolucionismo supone - y a veces predica -- que hay un verdadero monismo metafísico. Y es esta concepción monista y igualitaria del ser que revela su fondo religioso. Cuando el evolucionista considera que sólo existe la materia en perpetua e infinita evolución, se afilia al monismo panteísta.

Cuando el evolucionismo considera que la realidad última de las cosas no es la materia, sino un espíritu aprisionado en ella y que intenta liberarse de ella a través de la evolución, él es una expresión de la Gnosis con ropaje "científico".

De cualquier modo, el evolucionismo es la expresión de una concepción igualitaria del ser, negando la analogía del ser, así como cualquier trascendencia.


4 - EVOLUCIONISMO Y CAUSA FINAL

El evolucionismo contraría el principio de finalidad. Todas las cosas existentes tienen una finalidad. Ahora bien, los seres racionales tienen una finalidad intencionalmente. Al contrario del Hombre, que conoce sus fines y los busca voluntariamente, los seres irracionales actúan ciegamente.

Cada uno de ellos busca su fin sin conocerlo. Así, una flecha, de por sí, es incapaz de buscar el blanco. Para buscarlo, necesita ser dirigida. Las bolas del juego de billar sólo pegan unas en las otras, buscando el encajonamiento de una de ellas, porque alguien inteligente les de la dirección y la fuerza. Ellas necesitan de un agente intencional.

Siendo así, no se explica el inmenso orden del mundo no racional en busca de un fin, si no existiese un agente inteligente que diseccionó todo el orden universal, apuntando a un fin último.

Este argumento teleológico - que es la quinta vía de Santo Tomás probando la existencia de Dios, fue desarrollado por varios pensadores, con variaciones de ejemplos, en el transcurso de la Historia.
Si una nave interplanetaria descendiese en otro planeta y allí encontrase una simple flecha, todos los evolucionistas clamarían - y con razón - que esa flecha probaría la existencia de vida inteligente fuera de la tierra. Con razón, sí, porque sería imposible a la flecha haberse constituido sin la acción de un ser inteligente.

Ahora bien, lo que los evolucionistas estarían aplicando, en ese caso, sería el conocido argumento del reloj y del relojero. Si existe reloj, tiene que haber existido un relojero que lo construyó.

Así también, si existe orden en el universo es porque existe un Ordenador sapientísimo que estableció ese orden.

Michael Behe, en su muy buen libro “La Caja negra de Darwin” que ya citamos, hace innumerables aplicaciones de ese mismo principio de finalidad.

Conforme a ese autor, ningún sistema irreductible podría evolucionar. El llama sistema irreductible a todo aquel que es constituido de múltiples partes, todas absolutamente necesarias para que el sistema alcance su objetivo.

Bien didácticamente expone este principio con el ejemplo bien simple de una ratonera, cuyos componentes son todos absolutamente necesarios para que alcance su finalidad. Una ratonera jamás podría evolucionar, porque, faltando o no estando plenamente realizadas sus partes ella sería absolutamente inútil.

Del mismo modo, explica Michael Behe, el ojo humano, una célula, una simple ceja celular, son sistemas irreductibles extremamente complejos, en los cuales la falta de cualquier elemento constituyente, o el no desarrollo completo de las partes constituyentes, tornaría el sistema completamente frustrado e incapaz de existir, y, por tanto, incapaz de alcanzar el fin para el cual existe. Luego, concluye, Behe, la macro evolución es imposible y jamás se dio. (Cfr. Michael Behe, La Caja negra de Darwin, Zahar, río, 1996)

5 - EL PROBLEMA DE LAS ESPECIES Y LOS UNIVERSALES

Darwin dio a su obra más importante el título de "El origen de las especies". El pretendía explicar cual es el "origen" de las especies, esto es cual habría sido la causa eficiente del surgimiento de las especies. No lo hizo. Porque decir que el hombre viene del macaco, por evolución, no responde, sino que apenas disloca el problema, en el tiempo. ¿Y el macaco, de dónde vino? ¿Y el primer ser?
Darwin quería negar Dios y, lógicamente, sólo podía transferir para la materia bruta la eternidad, la infinitud y la omnipotencia activa, propias de Dios. El sólo podía sustituir a Dios por la materia, cayendo en el Panteísmo, caso afirmase que la propia materia tenía las cualidades de Dios; o en la Gnosis, caso afirmase que en la materia estaba aprisionado el espíritu divino.
Así como Darwin no respondió cual había sido, de hecho, el origen, esto es, la causa eficiente del universo, así tampoco no definió lo que eran especies.

La palabra "species", en latín, significa mirar, visión, rostro, figura, y correspondía a la idea platónica de un ser.
Para Aristóteles la "species" era la forma substancial, esto es, aquello que hace a un ser lo que él es. La especie reúne en su concepto todos los seres que tienen la misma forma substancial.

En el fondo, entonces, el término especie es un universal
Desde el final de la edad Media, se discutió con ardor si el universal existía o no.
El gnóstico Mestre Eckhart, renovando la concepción platónica, negaba cualquier valor al ser individual, y afirmaba que sólo existía el universal. Para él, sólo existiría la especie.

Ockham, por su lado, negaba cualquier existencia al universal, defendiendo que sólo existía el Ser individual. Para Ockham, no existirían especies, siendo el universal un puro nombre. De ahí su doctrina ser llamada nominalismo.

Darwin va repetir la tesis nominalista y materialista de Ockham al decir:
"El término especie llega, así, a no ser más que una abstracción mental inútil que implica y requiere un acto de creación distinto" (Darwin, apud Ossandón Valdés, op. cit. p. 9).

Y más:
"Considero que el término especie fue dado arbitrariamente, por motivo de conveniencia, para reunir en grupo, individuos que se asemejan íntimamente entre sí". (Darwin, apud Crowson, Darwin y la clasificación, citado por Ossandón Valdés, op. cit. p.11).

De este modo Darwin escribió un libro -- El origen de las especies -- no explicando cual es el origen de aquello -- las especies -- que, según él, no existía.

Los científicos, hoy, llegaron a identificar más de 1.000.000 de especies diferentes, siendo que cerca de 850.000 son de insectos. Entretanto, no llegaron a un acuerdo sobre lo que son especies.

Normalmente, ellas son consideradas como "comunidades de reproducción", esto es, los miembros de una especie sólo se reproducen con otros de su misma especie.

Esta conceptualización moderna es bastante errada porque, al tener en cuenta apenas la cuestión reproductiva, y al dejar de lado los aspectos formales, hace imposible hablar de especie dónde no se de la reproducción, lo que deja sin posibilidad de clasificación todo el universo unicelular, animal y vegetal.

Hay quien afirma que especie es el conjunto de los seres que tiene el mismo origen. Pero, si la evolución fuese un hecho, esa conceptualización sería falsa, porque, para los evolucionistas, todos los seres vivos tendrían un sólo origen, y entonces todos formarían una sola especie, lo que es absurdo.

T. Dobhansky afirma que la única cosa cierta es que existen las especies y que estas son aquellas que el sentido común siempre identificó como tales. Dobhansky admite aún que las especies están separadas entre sí por hiatos intransponibles, al punto de no existir seres intermediarios entre ellas. Si hubiese seres intermediarios entre las especies, ellos no tendrían posibilidad de vivir (T. Dobhansky, " La idea de especie después de Darwin, en Barnett et alii, Un siglo después de Darwin, Buenos Aires, 1982, p. 39, apud Ossandón Valdés, op. cit. p. 10).

El propio Dobzhanski pone un problema para la teoría: ¿cómo un proceso continuo, el de la evolución, puede generar productos discontinuos? (Organic Diversity. In Genetics and the origin of species, 1937).

“Especies son entidades reales en la naturaleza”, es lo que también afirma Eliot Sober (Philosophy of Biology, 1993).
Es exactamente por eso que jamás se vio surgir una nueva especie. Las actuales son las mismas del tiempo de Aristóteles, tales cuales él las describió. No evolucionaron.
Haldane, estudiando la extensión de los osos, llegó a la conclusión que en los últimos 10.000 años no hubo evolución. Hudson Hoagland asevera que:
"las partes del cerebro filogenéticamente antiguas, en oposición al neo-córtex, cambiaron muy poco en los últimos 50.000.000 de años de evolución de los mamíferos"
(H. Hoagland, "Biology, brains and insight", apud Ossandón Valdés, op. cit. p. 10).

Ossandón Valdés nos hace ver que el problema de los híbridos pone nuevas dificultades para la teoría evolucionista, porque, cuando los híbridos son fértiles, sus descendientes acostumbran tener hijotes que retornan a tener las características formales de las especies originales.

6 - EVOLUCIONISMO Y CAUSALIDAD

El nominalismo de Ockham tenía dificultad en admitir el principio de causalidad. El darwinismo, también nominalista, acaba teniendo graves problemas con la causalidad.

En efecto, toda causa tiene que ser anterior y mayor del que su
efecto.

En qué sentido mayor?
Ningún efecto puede tener, en sí, algo que no haya recibido de sus causas.

Así, una carga explosiva de potencia x no podrá explotar con una potencia mayor que x. Si tengo fuerza 5 en mi brazo, no podré, yo solo, levantar un peso mayor que 5.

Supongamos que en una heladera existan aguacate, banana y cereza. Podré hacer una vitamina compuesta de aguacate y banana.
ABC > AB.
Esto es posible y lógico. Porque, ahí, la causa es mayor que el efecto.

Supongamos, en un segundo caso que se tenga, en la heladera aguacate, banana y cereza. ¿Sería posible hacer, en la licuadora, una vitamina que contuviese aguacate, banana, cereza, damasco, higo, guayaba, naranja, mexerica, nabo, pitajaya, zapote, vaina y uva?
Evidentemente, no. Porque, ahí, la causa es menor que el efecto.

Esto es ilógico. Es absurdo. Es imposible que suceda, pues, en ese caso, el efecto sería mayor que la causa.

Ahora, el evolucionismo afirma que la materia inorgánica causó la vida vegetal; que del vegetal provino la vida animal, que es superior a la vida vegetal; que de la vida animal vino el hombre con vida racional.
Mineral

Conforme al evolucionismo, el efecto es siempre mayor que la causa.

El evolucionismo encaja en el segundo caso analizado.

El evolucionismo es ilógico, absurdo y metafísicamente imposible.

La doctrina evolucionista contraría el principio de causalidad.

Es claro que los evolucionistas sólo pueden huir de esta concepción absurda, si consideran que el primer ser a existir, como una simiente, contenía en sí todo lo que iba a ser después germinado por el proceso evolutivo.

Pero, entonces, el evolucionismo tendría que admitir que esta primitiva simiente universal era eterna, infinita y omnipotente, esto es, habría que admitir el panteísmo.

El evolucionismo es una pretensa teoría científica que oculta en su seno una doctrina religiosa.

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