miércoles, 11 de febrero de 2009

Evolucionismo: ¿Dogma científico o tesis teosófica? (7)


Orlando Fedeli
Fábio Vanini, biólogo
Marina Marques Vanini, doctoranda en Biología
Marcelo Murai, Maestro en Biología
Luciana Kauer Murai, graduada en Biología
Dr. Daniel Almeida de Oliveira, Médico
VI - ORIGEN DEL HOMBRE



1 - INTRODUCCIÓN

a gran cuestión, subyacente a todo evolucionismo, es la del ORIGEN del hombre: ¿fue el hombre creado por Dios? La afirmación darwinista de que el hombre habría evolucionado del macaco era, en verdad, una negación más o menos velada del creacionismo, aunque la tesis evolucionista no explicase de dónde habría venido la materia. Para el vulgo, sin embargo, quedaba implícita la victoria del ateísmo y del materialismo, en el caso de que el darwinismo fuese verdadero. Y aún hoy es así. Normalmente, se enseña el evolucionismo, para, en entre líneas -- y muchas veces en las líneas -- atacar a la religión como anti-racional y anti-científica, y lanzar sus enseñanzas a la esfera de la leyenda o del mito.
Desde la aparición de la tesis de Darwin, lo que se procuró constantemente -- y sin éxito -- fue encontrar el eslabón perdido entre el macaco y el hombre, entre el irracional y el racional. La búsqueda frenética -- y tantas veces fraudulenta -- de fósiles intermediarios entre varias especies animales sólo quería establecer una premisa mayor, necesaria para montar el silogismo, cuya conclusión fuese: “luego, el hombre desciende del animal... Y la Escritura mintió”.
Inicialmente, Darwin y sus seguidores buscaron el eslabón entre el macaco y el hombre. Cuando quedó patente que ese eslabón no existió, cambiaron su argumentación: el hombre y el macaco habrían tenido un ancestro común muy antiguo.
Para el materialismo, la diferencia entre el hombre y el animal no es esencial. El hombre sería un animal apenas más perfecto, pero no se distinguiría del animal por tener un alma espiritual. La inteligencia humana sería el efecto de reacciones químicas y eléctricas en el cerebro humano. Siendo así, los animales también tendrían una “inteligencia” incipiente. Instintos y racionalidad no tendrían distinción substancial.
Para Marx, lo que diferencia al hombre del animal no es a racionalidad, fruto del alma espiritual del Hombre. Lo que distingue al hombre del animal es el trabajo. Engels definió al hombre como “el animal que trabaja”, lo que es una tontería, pues hormiga y castor trabajan, y no son humanos. Para el marxismo, habría sido el trabajo que habría hecho surgir, en el hombre, el lenguaje, y, de ésta, la racionalidad. Por tanto, en el principio estaría el trabajo y no el Verbo. En el principio, estaría el grito, la interjección y no la palabra. En el principio no estaría la Sabiduría, y sí la materia.
Para el materialismo, los animales antepasados del Hombre y del macaco -- los primates -- habrían dejado de vivir en los árboles y pasado a tener vida en el suelo. Poco a poco, habrían abandonado el caminar apoyado en los cuatro miembros y pasado a caminar erectos. Esto les dará la posibilidad de usar las manos. En seguida, habrían comenzado a usar palos y piedras como armas, y, después, como instrumentos. De ahí las denominaciones de “Homo Faber” y de “Homo Habilis”, de los cuales habrían nacido lo que ellos llaman “Homo Sapiens”.
En la realidad, lo que distingue al hombre del animal es el alma espiritual y racional. Por eso, el hombre es siempre “Sapiens”, aunque muchas veces no tenga sabiduría...
El árbol genealógico del Hombre, según los evolucionistas actuales sería el siguiente:
Las dataciones de esos pretendidos antepasados del Hombre son muy elásticas, variando de autor para autor, con diferencias, a veces, gigantescas. Para los evolucionistas, la variación de algunas centenas de millones de años no impresiona mucho...
Véase, por ejemplo, que la datación del ancestro común del Hombre y de los macacos varía de 4 a 3,5 millones de años. Parece poco, si se miran apenas los algarismos. Es una diferencia inmensa de medio millón de años, esto es, de 500.000 años!
Conforme al esquema generalmente presentado, el pariente más próximo del Hombre sería el chimpancé, porque tendrían códigos genéticos con números muy aproximados.
Hay otros, como Schwartz, que teniendo en cuenta ciertos aspectos morfológicos, consideran que el hombre es más próximo del orangután del que del chimpancé. Esta aproximación del Hombre con los macacóides procura señalar apenas semejanzas morfológicas entre ellos, dejando a la sombra lo que los distingue realmente, que es la racionalidad consecuente de la existencia de alma espiritual en el hombre. Se recalcan aspectos accidentales semejantes, no se teniendo en cuenta, sin embargo, que una pequeña diferencia en los cromosomas significa una enorme diferencia específica, o que una semejanza accidental nada significa delante de una diferencia esencial. Reducir la diferencia humana con relación al animal apenas al número de cromosomas significa afirmar que a única diferencia entre el hombre y el animal es material. Ora, la principal diferencia del Hombre con el animal es espiritual y no material.
En el afán de probar que la evolución era una verdad, algunos científicos evolucionistas no titubearán en recurrir a la mentira y al fraude. Nunca hubo, en la Historia de la Ciencia tantos fraudes escandalosos cuanto se registraron en la polémica evolucionista. El Batibius Haeckeli, el hombre de Piltdown, el hombre de Java, el hombre de Pekín, la mandíbula infantil de Ehringsdorf, fueron algunos de los fraudes más famosos utilizadas para probar que el hombre no fue creado por Dios, sino que tuvo origen puramente animal.
Analizaremos inicialmente los fraudes evolucionistas en el campo de los fósiles humanos, para, después, examinaremos los fósiles presentados como antepasados del Hombre, en los días de hoy.



2 - FRAUDES EVOLUCIONISTAS



a) El “Hombre” de Java
El primer fósil humano fraudulento presentado como prueba de la evolución, y hasta hoy tenido como auténtico por muchos autores, fue el famoso Hombre de Java, también, llamado de Pithecanthropos Erectus (macaco-hombre erecto).
El fue descubierto, en 1891, por el holandés Eugène Dubois, en Java. Dubois se agregó al ejército holandés, y inicialmente fue a servir en Sumatra, dónde inició también sus investigaciones paleontólogas. No encontrando nada en Sumatra que tuviese mayor importancia científica, se transfirió para Java, dónde dice haber hallado inicialmente una calota craniana macacóide. Al año siguiente, y a 15 metros de distancia del primero hallado, Dubois dice haber encontrado un fémur humano. Más tarde aún, encontró tres dientes, de los cuales describió dos, que eran de macaco. El tercer diente lo mantuvo durante largo tiempo oculto, y nada dijo sobre él.
La calota craniana encontrada por Dubois tenía paredes finas y casi no tenía testa, indicando un ángulo facial muy agudo, típico de macacos. Las arcadas supra-orbítales eran muy salientes, lo que era otra característica macacóide. El científico holandés calculó que la capacidad craniana de este fósil habría sido de 900 centímetros cúbicos, bien menor, pues, que la del Hombre actual, que tiene cerca de 1.500 cm cúbicos.
Juntando esa calota craniana macacóide, el fémur humano y dos dientes de macaco que encontrara, Dubois montó un esqueleto, completando con masa lo que faltaba. Nació así el hombre de Java, que ele llamó de Pithecanthropos Erectus. Pithé (macaco), por causa de la calota craniana macacóide y por los dos dientes de macaco. Anthropus (hombre), por causa del fémur humano. Este fósil fue entonces presentado como siendo el eslabón intermediario entre el macaco y el hombre, que los evolucionistas hace tanto tiempo deseaban encontrar para comprobar su hipótesis, haciéndola tesis científica demostrada; un ser con características de macaco y de hombre, al mismo tiempo.
Es claro que este procedimiento de Dubois era anti-científico, porque no es legítimo juntar fósiles encontrados separados. Nada garantiza que el fémur humano, encontrado a 15 metros de distancia de la calota craniana macacóide hubiesen pertenecido al mismo ser. Si excavamos en un local y encontramos un cráneo de onza, y, 15 metros más lejos, encontráramos un pico de arara, no podremos concluir que otrora las onzas tenían pico de arara.
Dubois descubrió aún, cerca de Wadjak, en Java, y en la misma camada geológica en que achara los fósiles anteriores -- por tanto teniendo supuestamente la misma edad – de los cráneos humanos con capacidad entre 1550 y 1650 centímetros cúbicos. Entretanto, Dubois se cuidó bien de revelar este descubrimiento. Por más de 30 años lo ocultó, porque demostraba la falsedad de su Pithecanthropos Erectus, que hasta hoy continúa “vivo” y con “buena salud” en los manuales escolares evolucionistas.
Fue sólo en 1922, cuando un descubrimiento parecido hecho en Wadjak iba a ser anunciado, es que Dubois repentinamente se apresuró en revelar haber encontrado en Wadjak los dos cráneos humanos. En 1895, exhibió apenas su montaje del Pithecanthropos Erectus - un fósil Frankstein -- en el Congreso Internacional de Zoología de Londres.
A pesar del estruendo de triunfo de los evolucionistas -- que son muy hábiles en organizar torcidas y falsas unanimidades --la aceptación del Pithecanthropos no fue universal. Desde el principio, hubo extrañeza y algunos científicos se mostraron escépticos con relación a ese fósil montado. Se extrañó principalmente que se hubiese juntado a calota craniana macacóide con un fémur humano encontrado a 15 metros de distancia una del otro.
Se interrogó a Dubois respecto del tercer diente que - incomprensiblemente mantenía oculto. Al final, Dubois tuvo que revelar que ese tercer diente era humano. En la misma boca, el Pithecanthropos habría tenido dientes de macaco y de hombre. Era una conjunción extraña para un ser en evolución que debería tener dientes semi-macacóides y semi-humanos, y no dientes de macaco y de hombre, al mismo tiempo... Era mucha confusión por una sola boca.
La revelación de 1922 hecha por Dubois de que, en la misma camada geológica de sus primeros hallazgos, encontrara también dos cráneos humanos, probaba que ya existían seres humanos en el tiempo en que vivera o dueño de la calota macacóide del “Pithecanthropos Erectus. Luego este último no era antepasado del Hombre. El propio Dubois acabó confesando, poco antes de fallecer, que la calota craniana que encontrara en Java era la de un gibado gigante. Así, el hombre de Java falleció antes que su descubridor y podador.
Von Koenigswald, famoso paleontólogo alemán, estudiando los dientes encontrados por Dubois, llegó a la conclusión que eran dos molares de orangután, y que el tercer diente - un pré-molar -- ¡era humano! a pesar de esto, esos dientes continúan unidos con masa a la famosa calota macacóide del Hombre de Java, y continúan dando fraudulentas mordidas evolucionistas y materialistas al creacionismo.
El mismo Von Koenigswald, investigando en Java, en el local denominado Sapiran, en los años que precedieron a la segunda guerra mundial (1936-1939), encontró nuevos fósiles semejantes a los que habían sido hallados por Dubois, y los llamó de Pithecanthropos II, III, y IV.
Marcelin Boule -- una de las más altas autoridades en morfología fósil y adepto del evolucionismo -- clasificó los fósiles de Sapiran como siendo del mismo tipo que el Pithecanthropos de Dubois: eran simios (Cfr. Gish, op. cit. p. 182).
Boule y Vallois mostraron que, en los fósiles hallados por Von Koenigswald, el pré-molar y los molares estaban colocados en línea recta, dando al paladar la forma de U, típicamente simiesca, en cuanto que, en el hombre, el paladar presenta un formato semejante al de una herradura.
Así, el famoso Pithecanthropus era realmente un Pithé. Esto es, era realmente un macaco, pero no era anthropus, esto es, no era hombre.
A pesar de las omisiones maliciosas y fraudulentas de Dubois, a pesar de sus confesiones desmoralizantes, el fósil que montó es mantenido aún hoy Erectus por la “terquedad” poco sincera y nada científica del evolucionismo. También en la Historia de la evolución queda comprobada la verdad recomendada por Voltaire a sus discípulos, para combatir a la Iglesia: “Mentid, mentid siempre. Alguna cosa quedará...”
b) El “Hombre” de Piltdown
El segundo gran fraude practicado por los evolucionistas para hacer pasar como verdad que el hombre tuvo origen animal fue el famoso Hombre de Piltdown (Eanthropos Dawsoni), encontrado por Charles Dawson, en la primera década del siglo XX.
En 1908, un operario encontró, en Piltdown, fragmentos de un cráneo humano fosilizado, y contó su descubrimiento al médico Charles Dawson, que era también paleontólogo por afición.
Fue en ese año también que el futuro célebre jesuita, Pierre Teilhard de Chardin - entonces simple seminarista -- fue encaminado al seminario de Ore Place, Hastings, cerca de Piltdown. Teilhard estudió en el seminario jesuita de Lyon, dónde conoció y fue influenciado por el pensamiento del Padre Rouselot, cuyas afinidades doctrinarias con el Modernismo lo llevaron a ser condenado en 1920. En ese mismo seminario de Lyon, Teilhard conoció y se hizo amigo del Padre Auguste Valensin, discípulo de Maurice Blondel. También el Padre Valensin estuvo implicado en el Modernismo. Teilhard llamaba al Padre Valensin de “Padre espiritual”, y decía que fue él quien le enseñó a pensar. Fue Valensin quien llevó Teilhard a escribirse con Blondel, uno de los líderes del Modernismo, aun que jamás hubiese sido condenado por la Iglesia.
El Modernismo es una herejía que tiene exactamente el evolucionismo metafísico como fundamento de todo su sistema herético. Teilhard de Chardin fue el teólogo -- si se le puede llamar a su Gnosis de Teología -- que hizo la ligación entre el Modernismo gnóstico y el evolucionismo darwinista.
Llegando a Inglaterra, Teilhard conoció luego a Dawson. Consta que ellos fueron presentados el 31 de mayo de 1909, haciéndose inmediatamente amigos personales y colaboradores en las investigaciones paleontológicas de campo. Juntos hicieron excavaciones en Piltdown. Exactamente fue durante una excavación que hacían juntos, cierto día, en Piltdown, que Dawson habría hallado la famosa mandíbula macacóide del “Hombre de Piltdown”. (Cfr. Stephen Jay Gould, “Piltdown Revisado”, in “El pulgar del Panda”, p. 96). Esa mandíbula cuyo descubrimiento fue atribuido a Dawson, había dos dientes molares macacóides, pero cuyo desgaste era típicamente humano, y como jamás se desgastan los dientes de macaco. Y Teilhard excavaba ya con Dawson...
En esa mandíbula, muy bien conservada, faltaba exactamente el cóndilo, esto es, la protuberancia ósea por la cual la mandíbula se encaja en el cráneo. Es por el encaje perfecto realizado a través del cóndilo con el cráneo que se comprueba que un maxilar pertenece, de hecho, a determinado cráneo. Pero... “como si fuese a propósito, faltaba el cóndilo”, iría a escribir, años después, el Padre Teilhard de Chardin...(Cfr. S. Jay Gould,” La conjura de Piltdown, in “La gallina y sus dientes”, p. 218).
“Como si fuese a propósito”... a la mandíbula -- encontrada por Dawson, cuando excavaba junto con Teilhard -- faltaba el cóndilo...
Dawson juntó entonces los fragmentos encontrados del cráneo humano y el maxilar macacóide, para montar así --¡¡¡Al fin!!! -- la prueba de que el hombre descendía del macaco, haciendo -- ¡¡¡Al fin!!! -- la demostración científica de que la teoría de Darwin era verdadera.
Teilhard habría aún descubrió, en Piltdown, algunos fósiles de mamíferos (un hueso de rinoceronte y un diente de elefante) que ayudarían a comprobar la datación de los fósiles encontrados.
Dawson llevó entonces todo el material encontrado para Smith Woodward, Conservador del Departamento de Geología del Museo Británico (Historia natural). En 1912, Woodward y Dawson presentaron los fósiles, en la Sociedad Geológica de Londres.
En el año siguiente -- 1913 -- Teilhard de Chardin, de nuevo excavando juntamente con Dawson en Piltdown, encontró un diente canino inferior. Era un diente simiesco, sin embargo, como los molares del maxilar hallado anteriormente, ese canino también presentaba un desgaste típico de diente humano.
En 1914, comenzó la primera guerra mundial, y Teilhard fue convocado para servir en el ejército francés. Durante los cuatro años que duró la guerra, actuó como camillero, en el frente.
En cuanto a eso, Dawson excavaba en otro local (Piltdown 2) que tenía las mismas características geológicas de Piltdown 1, dónde habían sido hallados los primeros fósiles. En el local 2 de Piltdown, Dawson encontró otros dos fragmentos de cráneo humano esparcidos, y un diente simiesco, también gastado, a la manera humana.
Los nuevos hallazgos eran tan providencialmente complementarios de los primeros fósiles encontrados en Piltdown que H. Fairfield Osborn, el principal paleontólogo americano de aquel tiempo, declaró:
“Si hay una Providencia pairando sobre los asuntos del Hombre pré-histórico, ciertamente se manifestó en ese caso, porque los tres segmentos del segundo Hombre de Piltdown encontrados por Dawson son exactamente aquellos que habríamos seleccionado para confirmar la comparación con el tipo original” (S. Jay Gould, “Piltdown Revisado” in “El Pulgar del Panda”, p. 97).
¡Pero qué coincidencia feliz!...Realmente, mucha suerte la de quien hace excavaciones con un Padre, especialmente si es el Padre Teilhard de Chardin!...
Desde el descubrimiento de los fósiles hasta la década del 50, el hombre de Piltdown fue proclamado con trompetas en las cátedras universitarias, en las conferencias de intelectuales famosos, en los medios, y hasta en los púlpitos, como siendo la prueba de que Darwin tenía razón: el hombre era de hecho hijo de macaco y no hijo de Dios.
En 1949, Kenneth P. Oakley aplicó el test de fluoración -- usado para la datación de fósiles -- a las varias piezas halladas en Piltdown. Y ¡oh sorpresa! las piezas tenían un tenor de fluor muy bajo, lo que indicaba que habían estado poco tiempo en la tierra.
Cuatro años después -- en 1953 -- el mismo Oakley, teniendo la cooperación de J. Weiner y de W. E. Le Gros Clark, comprobó que el cráneo de Piltdown y la mandíbula a él atribuida tenían edades diferentes. La mandíbula era la de un orangután y era mucho más vieja que el cráneo que era de un hombre moderno.
Era un descubrimiento de caer o mentón!
Examinándose los fósiles más atentamente, se vio claramente que habían sido “trabajados”... Tanto el cráneo cuanto la mandíbula habían sido teñidos. Los dientes, a su vez, habían sido limados y raspados para dar la impresión del desgaste típico de los dientes humanos. Por fin, se comprobó que los fósiles de mamíferos (el hueso de rinoceronte y el diente de elefante) encontrados por el Padre Teilhard en Piltdown, habían sido traídos de otros lugares.
¡Todo no era sino un inmenso fraude!
La perfección y los cuidados para engañar indicaban que el falsificador era un especialista y no un simple aficionado, como Dawson...
Toda la culpa por el fraude fue lanzada sobre Dawson, disculpándose al Padre Teilhard de Chardin. Un Padre no podría ser falsificador.
Recientemente, sin embargo, Stephen Jay Gould, dejando el “clericalismo” de lado, osó preguntarse si el Padre Teilhard era inocente en ese fraude gigantesco. Hizo largas investigaciones que dieron origen a un ensayo intitulado “La Conjura de Piltdown”, editado en su libro “La gallina y sus dientes” (pp. 201 a 220). De la investigación y del ensayo, el Padre Teilhard sale enteramente culpable. Jay Gould concluye que fue Teilhard el principal responsable por el fraude. Principal, pero no el único, pues si hubo “conjura”, necesariamente ella implica a varios culpados.
Descubierto y revelado el fraude, aún en 1953, Oakley escribió al Padre Teilhard de Chardin preguntándole a respecto de su trabajo con Dawson, en Piltdown.
Teilhard respondió negando admitir que Dawson y Smith Woodward pudiesen estar implicados en el fraude. (¿Quién entonces sería el culpado?)
En la misma carta, sin embargo, poco después de excusar Dawson y Woodward, Teilhard cometió un error fatal que reveló quien era el verdadero culpable por el fraude. En la carta a Oakley, Teilhard dice que, en 1913 Dawson lo llevó al local 2 de Piltdown dónde habían sido hallados el molar aislado y restos del cráneo. Ahora bien, Dawson sólo habría hecho ese descubrimiento en 1915, y no en 1913. Teilhard jamás podría haber sido llevado por Dawson al lugar en 1913, pues entonces aquellos descubrimientos no habían sido aún hechos. Lo fueron en 1915. Y en este año de 1915 Teilhard no habría ido a Piltdown, pues desde 1914 servía no frente francés, dónde se quedaría hasta 1918, al final de la primera guerra mundial. Teilhard mentirá.
Jay Gould, habiendo hecho la constatación de que el Padre Teilhard mintiera, fue a investigar toda su correspondencia -- primero editada, después en los manuscritos originales -- procurando todo lo que escribió sobre el descubrimiento de Piltdown.
¡Nueva sorpresa!
Jay Gould constató que en la propia edición de las obras de Teilhard habían sido eliminados todos los trechos sobre el hombre de Piltdown que existían en los manuscritos originales. Había sido hecha una censura meticulosa de los originales, para que en las obras editadas nada apareciese que pudiese implicar al Padre Teilhard en el fraude!
Stephen Jay Gould es americano e imaginó que el motivo que llevó Teilhard a montar el fraude de Piltdown habría sido apenas el de divertirse con Dawson. Habría sido, inicialmente, apenas una broma del Padre con Dawson. Este, sin embargo, muy ingenuamente creyó de hecho que hiciera un gran descubrimiento e hizo a Woodward aceptarla. Cuando los dos publicaron el descubrimiento del Hombre de Piltdown, habría quedado muy difícil para Teilhard deshacer la “broma”... El retorno quedó imposible y en el mundo científico aceptado el fraude.
Lo que parece, en la verdad, broma es esa hipótesis de Jay Gould. Basta conocer un tanto que sea la doctrina modernista, defendida por Teilhard, basta conocer, un tanto que sea, los métodos y engaños modernistas, para comprender que el fraude tuvo causa mucho más seria que una simple broma.
Desvendada el fraude, era de esperar que se dejase de citar inmediatamente el hombre de Piltdown como prueba de la evolución del macaco para el hombre. Así no fue, y, durante muy tiempo aún, fue posible encontrar manuales que enseñaban, a los estudiantes que el hombre de Piltdown probaba que el hombre venía del macaco y que Darwin tenía razón.
c) El “Hombre” de Nebraska
Este es un fósil poco conocido en Brasil, pero que tuvo, en su tiempo, repercusión en los Estados Unidos, dónde fue encontrado. En Nebraska, en 1922, fue descubierto un diente. Examinado por Henry Fairfield Osborn y otros, fue declarado como siendo de un ser que combinaría las notas características del chimpancé, del Pithecanthropos y del Hombre. Era una mixtura extraordinaria. Llamaron a este supuesto cock-tail paleontológico de “Hesperopitheus Haroldcookii”, o más simplemente, “Nebraska Man”.
Ele tuvo vida y fama científica muy curta. Cinco años después del descubrimiento, mejores análisis habiendo sido realizados, quedó probado que el “Nebraska Man” no era de modo algún un ser intermediario entre el macaco y el hombre. Era simplemente un fósil de una especie de porco! (Cfr. D. T. Gish, op. cit. pp. 187-188).
d) El “Hombre” de Pekín
Un cuarto fósil, que hasta hoy es considerado auténtico, aun que tenga una historia casi tan misteriosa y rocambolesca cuanto el hombre de Piltdown -- inclusive también con a presencia de la sospechosísima figura del jesuita Teilhard de Chardin -- es el “Sinanthropus Pekinensis” o Hombre de Pekín.
Su historia bien complicada comienza en 1921, cuando dos molares fueron encontrados, provenientes de Chou-Kou-Tien, una aldea cerca de Pekín. Seis años después - 1927 - un tercer molar fue dado al Dr. Davidson Black fueron estos tres dientes que permitieron comenzar a hablar del Hombre de Pekín. Las excavaciones en el local quedaron entregadas a la dirección del paleontólogo chino Dr. W. C. Pei, que, en 1928, encontró en el mismo local fragmentos de cráneos y de maxilares inferiores. Black hizo de esas piezas una descripción que las califica como más semejantes a fósiles de macacos que a seres humanos.
A partir de 1929, el Padre Teilhard de Chardin -- el mismo que es acusado de forjar el fraude de Piltdown -- pasó a participar de las investigaciones en Chou-Kou-Tien, en calidad de consejero geológico...
Coincidentemente, fue en 1929 también, que o Dr. Pei reveló a descubrimiento de un cráneo bien conservado y semejante al del Hombre de Java. Junto con los fósiles citados fueron encontrados también muchos fósiles de diversos tipos de animal.
Otros tres cráneos fueron hallados en 1936, cuando las investigaciones, desde 1934, año de la muerte del Dr. Black, estaban a cargo del científico americano, pero de origen alemán, Franz Weidenreich; uno de esos tres cráneos fue examinado por el famoso especialista en fósiles Marcellin Boule, en el propio lugar de lo encontrado, que lo llama de muy semejante al Pithecanthropos de Java. Boule escribió: “En la totalidad, la estructura del Sinanthropus es aún muy parecida con la de un macaco” (Cfr. D.T. Gish, op. cit. p. 192).
En cuanto a la capacidad craniana de esos fósiles, se calculó que estaban entre 900 y 1200 centímetros cúbicos, esto es, entre a capacidad craniana del macaco y del Hombre actual. También los maxilares inferiores, así como los dientes, fueron descritos como siendo parecidos con los de macacos, aun que la arcada dental superior fuese en forma de herradura más que en U, como es típica en los macacos.
As características de los fósiles de Pekín, siendo muy próximas de las del Pithecanthropus de Java, Boule y Vallois le dieron el nombre de Pithecanthropus Pekinensis, por tanto, mucho más parecido con macaco que con un ser humano. En este sentido, Boule y Vallois criticaron al Dr. Black por haber denominado el fósil de Chou-Kou-Tien de Sinanthropus, esto es, Hombre de la China, cuando tenía por base, en ese tiempo, apenas dientes, cuando sería necesario nombrarlo sólo cuando se tuviese el cráneo.
De los fósiles originales, el Dr. Weidenreich hizo sacar un modelo de masa.
Al comenzar la guerra chino-japonesa, los huesos habrían sido mandados para los Estado Unidos, y... desaparecieron; de ellos se tienen apenas los modelos de masa hechos por Weidenreich, los cuales no son fiables, pues ni fueron sacadas fotos de los fósiles que desaparecieron.
Lo que aumenta aún más la sospecha respecto de esos modelos de masa es que, las primeras descripciones hechas de ellos por Black, y, después, por Boule y Vallois, decían que se parecían más a macacos que a hombres, en cuanto que el aspecto de los modelos es enteramente humano. Los modelos de masa no parecen haber reproducido fielmente los fósiles originales, sino la concepción, las ideas, y el deseo de Weidenreich.
¿Dónde fueron a parar los fósiles originales? ¿Cómo desaparecieron? Misterio...
La Ciencia y el mundo tienen hoy que acreditar en la fidelidad de los modelos de Weidenreich sin tener los originales para comparación. El Sinanthropus pasó a exigir un acto de fe!...
No sólo la desaparición de los fósiles era un misterio, sino que la divergencia entre las descripciones de ellos y la apariencia actual de los modelos de masa levantan sospechas muy justificadas. Además todo esto, había una porción de problemas colaterales no resueltos. Por ejemplo, ¿por qué sólo se encontraron cráneos, y ningún hueso largo, como los fémures?
En efecto, los cráneos encontrados en Chou-Kou-Tien -- Todos! y eran casi cuarenta! -- tenían un furo no occipital, indicando que habían sufrido muerte violenta. Ora, en las mismas camadas geológicas, habían sido hallados instrumentos y armas de piedra, así como señales de hogueras (Cfr. H. Brodrick, El hombre pré-histórico, Fondo de Cultura Económica, 1955, apud Atanasio Aubertin, Evolución de la especies, apriorismo y confesiones gnósticas, artículo, 1962). Evidentemente, eran pruebas de que entonces ya existían hombres.
Todos los que estudiaron el caso - hasta mismo Weidenreich - consideran que los fósiles de Pekín son de seres que habían sido cazados.
Con mucha propiedad preguntaron Boule y Vallois:
“¿Cómo explicar la casi completa ausencia de huesos largos y esta especie de selección de partes óseas, todas perteneciendo al cráneo, y en las cuales predominaban los maxilares inferiores? Weidenreich creía que estas partes seleccionadas no llegaron a la caverna [donde fueron halladas] por medios naturales, sino que debían haber sido llevadas para allí por cazadores que atacaban principalmente individuos jóvenes, y escogían, de preferencia, como expoliación o trofeos, cabezas o partes de ellas. En si, esta explicación es plausible. Pero el problema es ¿quién era entonces el cazador?” (Cfr. D. T. Gish, op. cit. p. 195).
Para Weidenreich, o cazador habría sido el propio Sinanthropus! Habría sido, al mismo tiempo, la caza y el cazador! Boule y Vallois, de modo más plausible, afirmaron:
“El cazador era un verdadero hombre” (Cfr. Gish op. cit. p. 196)
El problema quedaría resuelto si existiesen en las mismas camadas fósiles humanos verdaderos. Ahora bien, después de muchas tergiversaciones, el Padre Teilhard confesó que, de hecho, en las mismas camadas en que fue hallado el Sinanthropus, fueron encontrados también fósiles humanos. Luego, el Sinanthropus no fue un antepasado del Hombre, ya que ya había hombres en sus contemporáneos.
El Padre Patrick O’Connell que estaba en la China en el tiempo del descubrimiento de los fósiles de Chou-Kou-Tien, en su libro Science of Today and the Problems of Genesis, afirmó creer que el Dr. Pei destruyó los fósiles originales antes que el gobierno chino retornase a Pekín, a fin de ocultar que los modelos hechos por Weidenreich no eran copias fieles de los fósiles. O’Connell resaltó que muy poco destaque se ha dado al hecho de que los fósiles de 10 hombres modernos habían sido hallados en el mismo sitio de Chou-Kou-Tien, y que estos hombres estaban relacionados con los instrumentos de piedra numerosos encontrados en ese lugar. Conforme O‘Connell, el Sinanthropus es un fraude.
e) la mandíbula infantil de Ehringsdorf
Este fósil fue descubierto en 1916, en camadas del Paleolítico medio, y era de la raza de Neanderthal. Era, por tanto, un fósil humano. Lo que en él causó mucho interés fue el hecho de que, aunque siendo humano presentaba una característica dentaria macacóide. En ese fósil neanderthalense, el diente molar era de raíz, en cuanto el segundo pré-molar aún era de leche. Ahora, esto sólo acontece con la dentición de los macacos, y desde 1939 se probar a que la dentición de los neanderthalenses era igual a la dentición humana.
Los científicos americanos K. Koski y S. M. Garnno demuestran que ese molar era postizo. Habían arrancado un molar de leche del fósil de Ehringsdorf, e incrustado en su lugar un molar de raíz.
Más tarde, el paleontólogo francés Pierre Legoux, en comunicado a la Academia de Ciencias de Paris, demostró que toda la mandíbula era fraudulenta, habiendo sido montada y presentando flagrantes contradicciones entre sus partes. (Cfr.Pierre Legoux, Comptes rendus de l´Ácadémie de Sciences, tomo 252, p. 1821, año de 1961, apud Atanasio Aubertin, art. cit.).



3 -PRETENDIDOS ANCESTROS DEL HOMBRE





Como vimos, al quedar comprobado que el hombre no descendía del macaco - como pretendiera Darwin -- los evolucionistas adoptaron la tesis de que macacos y hombres tuvieron un antepasado común. Aunque no considerándose más hijos de macacos, pasaron a tenerse como primos de ellos...
De ese ancestro común a los macacos y a los hombres habría provenido, hace cerca de 10 a 17 millones de años atrás, el Ramapithecus. De este, habrían derivado los famosos Australopithecus, que tanto prestigio han gozado en los Campus universitarios, y que tanto han frecuentado revistas y diarios. Estos rivales en prestigio periodístico de los mayores cantantes del Rock, habrían vivido entre 4 y un millón de años atrás. De estos Australopithecus, habrían nacido -- entre 1,5 millón y 300.000 años atrás – ya sea el falsificado por montaje Hombre de Java, ya sea el postalmente escamoteado Sinanthropus. Estos falsos hijos de los Australopithecus son conocidos como siendo del tipo Homo Erectus, a pesar de nada sustentarlos en pié. Lo que evidentemente lanza sospechas también sobre sus supuestos “padres”. Los fraudes sobre los hijos fueron tantos y tan graves, que la prudencia lleva a tener duda a respecto de toda su evolucionística familia. por fin, de los fraudulentos hijos del Homo Erectus habría nacido lo que se llama hoy de Homo Sapiens, extraña denominación que significa apenas Hombre, animal racional, y que tan poco Sapiens se ha revelado, particularmente cuando se torna materialista.
Ejemplos de Homo Sapiens habrían sido el hombre de Neanderthal y el de Cro-Magnon, que habrían principiado a existir 100.000 años atrás.
Estudiemos, ahora, esta tan falsificada familia, para averiguar lo que en ella puede haber de auténtico, y comencemos por el bisabuelo Ramapithecus.
a) El Ramapithecus
Los primeros fragmentos fósiles del Ramapithecus fueron encontrados en 1915. En 1932, en la India, nuevos elementos de este ser fueron hallados, mas fue solamente en 1960 que la nueva ““estrella” del evolucionismo fue lanzada con todo el estruendo de la propaganda que saludó la nueva prueba de que Darwin acertara. Fueron principalmente los paleontólogos David Pilbeam y Elwyn Simons que lo presentaron como siendo el antepasado del Hombre.
¿En base a qué afirmaban esto? con muy poca base, pues disponían tan sólo de algunos dientes del Ramapithecus, y nada más.
Con tan poco fundamento, la vida de astro de la evolución del bisabuelo Ramapithecus fue muy curta. Cuando tenía apenas 12 años de fama universitaria, ya le tiraron un primer dardo que lo alcanzó de pleno. El Dr. Robert Eckhardt, de la Universidad de Pensilvânia, en un artículo publicado en 1972 se preguntaba si el Ramapithecus podría ser tenido como un ancestro del Hombre, y respondía:
“Si se considera el autor de variabilidad genética, la respuesta es no” (Cfr. D.T. Gish, op. cit. p. 141).
Eckhardt hizo muchas mediciones de los dientes del Ramapithecus y del Dryopithecus, pues fueron estas mediciones que se fundara Pilbeam para afirmar que el Ramapithecus era antepasado del Hombre. Ora, segundo las mediciones hechas por Eckhardt, había más variaciones entre chimpancés vivos del que entre el Ramapithecus y el Dryopithecus. Eckhardt concluyó entonces que el Ramapithecus era un macaco, quiere cuanto a su aspecto morfológico, como cuanto a su comportamiento. Más tarde, esta conclusión de Eckhardt fue confirmada por otros científicos que comprobaron que la arcada dentaría del Ramapithecus era igual a de los macacos, pues no tenía la forma de herradura, típica del paladar humano. Alan Walker y Richard Leakey establecieron definitivamente que el Ramapithecus nada tiene que ver con el origen del hombre.
El propio “padrino” del Ramapithecus - David Pilbeam - afirmó que era un abuso concluir que el Ramapithecus andaba erecto, apenas por el examen dos sus dientes. A pesar de esto, Pilbeam insiste que su Ramapithecus es un homínido. Leakey y Walker, sin embargo, consideran-no un mero orangután, y tan parecido con este animal que eles llegaron a declarar: es herético decirlo, puede ser que los orangutanes son fósiles-vivos [do Ramapithecus ]. Entretanto, contradiciendo las sus propias conclusiones, Walker escribió después que el Ramapithecus era “ancestro del orangután, del chimpancé, del gorila y del Hombre” (cfr. D.T. Gish, op. cit. p. 143).
Después de tantas contradicciones, el Ramapithecus abandonó la pasarela de la fama, dónde hizo corta carrera.
b) los Australopithecus
Éstos continúan en plena gloria, bajo el foco de los reflectores de la mídia y de los intelectuales materialistas.
El primero de ellos fue hallado en 1924 por Raymond Dart, que lo denominó Australopithecus Africanus. Su descubridor lo presentaba como siendo parecido a los macacos en la forma del cráneo, pero también semejante al hombre por algunas particularidades del cráneo y de los dientes.
En 1936, fue hallado un cráneo de Australopithecus Africanus adulto, en Sterkfontein, en Transvaal. Dos años después, en Kromdraai, Robert Broom encontró un fósil que fue clasificado como Australopithecus Robustus, por causa de su aspecto más rústico, grosero y fuerte, sus dientes grandes y gruesos.
Nuevos e importantes descubrimientos de fósiles africanos fueron realizadas por Louis Leakey y por su esposa Mary, en la década de 1950 a 1960, en la garganta de Olduvai, en la Tanzânia. Los fósiles encontrados eran semejantes a los que habían sido descubiertos por Broom.
Por lo que encontraron los Leakey, llegaron a la conclusión que los fósiles de Olduvai tendrían cerca de 2 millones de años. Curiosamente, en la misma camada geológica en que Louis Leakey encontró los sus fósiles, había también instrumentos y armas de piedra. Uno de los hijos de Leakey, Jonathan, encontró un cráneo fósil semejante al Australopithecus, sin embargo con capacidad craniana bien mayor -- cerca de 700 cc. -- lo que llevó a los Leakey a considerarlo, inicialmente, como un intermediario entre el Australopithecus y el hombre. Louis Leakey lo llamó entonces Homo Habilis por causa de los instrumentos de piedra hallados en la misma camada geológica.
Más tarde, sin embargo, el propio Leakey clasificó este fósil como un Australopiteco, por esto su nombre científico actual es Australopithecus Bosei.
De estos Australopitecos, se distinguen dos especies diversas: una, más fuerte, y otra, relativamente más delicada. Son el Australopithecus Robustus y el Australopithecus Africanus, ambos con pequeña capacidad craniana (cerca de 500 c.c.), lo que los aproxima a los gorilas. Los científicos evolucionistas, en general, llegaron a la conclusión que estos seres andaban comúnmente de pié.
No hubo, entretanto unanimidad. El célebre anatomista inglés Solly Lord Zuckerman estudió por más de 15 años estos fósiles, comparándolos con los huesos de macacos y de hombres, y llegó a la conclusión que el Australopithecus es macaco!
Charles Oxnard, otro científico de la Southern California University, habiendo estudiado al Australopiteco concluyó que, aunque la mayoría de los estudiosos hubiese considerado que el Australopiteco caminaba de pié, y por eso era tenido como antepasado del Hombre, sus estudios de los huesos de este ser lo llevaron a decir que ni caminaba de pié, ni parecía estar relacionado con el hombre, y ni siquiera con los chimpancés y con los gorilas.
Rak y Clarke demuestran también que el hueso-bigornia del Australopiteco es más diferente del hueso bigornia del Hombre, de lo que es, el de los macacos actuales. Los macacos actuales son entonces, en este punto, más semejantes al hombre del que el Australopiteco, y nadie osa afirmar - hoy - que el hombre viene del macaco. Pues tampoco viene del Australopithecus.
c) “Lucy”
Particularmente famoso se hizo el fósil descubierto, en Hadar, en la Etiopía, por Donald Johanson y Maurice Taieb, en 1973, y que inicialmente Donald Johanson y Taieb consideraron como siendo de un macaco. El hueso que habían hallado era el de la junta del rodilla. Después, habiendo encontrado otros fósiles, consideraron que esta junta de rodilla era semejante a la humana. De ahí el haber concluido que los fósiles de Hadar habrían pertenecido a un ser intermedio entre el macaco y el hombre.
Cuanto a la edad del fósil, le atribuyeron 3.000.000 de años, l que era un record para fósiles humanos. Este sería entonces el fósil humano más viejo jamás encontrado.
Habiendo examinado la famosa junta de la rodilla de Hadar, Mary Leakey, Richard Leakey y C. Owen Lovejoy afirmaron que esta junta era la de un rodilla humana.
En nuevas investigaciones en el mismo lugar, en 1974, se descubrieron nuevos fósiles, a respecto de los cuales Donald Johanson declaró: “Todas las teorías anteriores sobre el origen del linaje que lleva al hombre moderno, ahora, tiene que ser totalmente revisadas. Debemos lanzar fuera muchas teorías y considerar la posibilidad de que el origen del Hombre se dio hace más de 4 millones de años atrás" (Cfr. D.T. Gish, op. cit. p. 152).
Al mes siguiente (noviembre de 1974), Johanson encontró un fósil de un hueso del brazo de un homínido, y, después, encontró partes de un cráneo, y otros huesos, formando, en total, cerca del 40% de un esqueleto. Era el esqueleto fosilizado de un ser femenino que Johanson denominó “Lucy”, por que, en la hora de la descubrimiento, oía la canción de los Beatles Lucy in the Sky with Diamonds (cuyas iniciales eran las del ácido lisérgico, LSD).
El cráneo que habían encontrado parecía ser el de un macaco, y su capacidad era de cerca de 380 a 450 c.c.
Johanson se apresuró a proclamar que “Lucy” era un homínido de 3,5 millones de años, que andaba de pié, tal cual los hombres actuales, aun que hubiese cráneo macacóide.
En 1975, nuevos fósiles fueron encontrados en Hadar. Pertenecían a 13 individuos, siendo 9 adultos y 4 seres aún jóvenes. Johanson luego los llamó “La Primera Familia”.
En el año siguiente (1976), Donald Johanson y Maurice Taieb publicaron un trabajo en el cual decían que el material hallado pertenecía al género Homo, y que “Lucy” tenía aspectos semejantes al Austalopitheco.
Gish muestra que el haber dado un nombre de mujer a su fósil, o usar expresiones como “La Primera Familia”, “niños”, y aún otros términos referentes a seres humanos inducía a las personas a creer que, de hecho, “Lucy” era el famoso eslabón perdido entre el macaco y el hombre.
Entretanto, pronto surgieron las contestaciones. Tim White, científico que Johanson asociara a sus investigaciones, divergió de él, y al final lo convenció de que los fósiles de Hadar eran simples Australopitecos. Desde entonces se cambió su denominación a “Australopithecus Afarensis”.
Se montó entonces el siguiente cuadro general:

Este pretendido árbol genealógico del Hombre colocaba un serio problema.
Por largos años de estudio hechos por Lord Zuckermann y por Oxnard a respecto de los Australopithecus Africanus y Robustus, quedó comprobado que no andaban con los dos pies, al modo humano. Ahora bien, si esto era cierto, ¿cómo entonces un antepasado de ellos - Lucy - ya andaba de pié hace millones de años antes? Algo estaba errado.
Otros científicos, habiendo estudiado mejor los fósiles de Hadar, concluyeron que eran meros Australopithecus Africanus, contra la pretensión de Donald Johanson.
Jack T. Stern y Ronald Susman, anatomistas de la Universidad de nueva York, concluyeron por sus estudios de los fósiles de Hadar que eran seres que trepaban en árboles, teniendo vida casi que exclusivamente arbórea, aun que ocasionalmente pudiesen andar de pié, en el el piso. Esto derrumbaba las pretensiones de Donald Johanson de presentar a su “Lucy” como ser homínido.
Stern y Susman mostraron que “Lucy” y la “Primera Familia” tenían innumerables características macacóides, entre las cuales:
a) manos largas y curvas, parecidas con las de los chimpancés, y apropiadas para agarrar ramas;
b) pies largos, encorvados y muy musculosos, propios de seres que trepan en árboles;
c) la cavidad glenoidea era también típica de trepadores en árboles;
d) la lamina ilíaca era más parecida a la del chimpancé que a la del Hombre;
e) la cabeza del fémur era más parecida con la del chimpancé que con la del Hombre;
f) lo mismo se daba con la fíbula;
g) la famosa junta de la rodilla, que Donald Johanson clasificara como muy semejante a la humana o directamente humana, fue considerada como macacóide y propia para locomoción arbórea.
De todo esto Stern y Susman concluyeron que los fósiles de Hadar -- inclusive “Lucy” -- eran Australopithecus, y que su bipedalidad ocasional era semejante a la de los chimpancés y macacos-araña.
A su vez, Paul Turtle, un antropólogo de Chicago, concordó con Stern y Susman en la tesis de que “Lucy” debía haber tenido vida arbórea.
d) el cráneo 1470 del Hombre del lago Turkana
Richard Leakey, uno dos hijos del matrimonio Louis y Mary Leakey, se hizo famoso por los descubrimientos hechos por su equipo junto a las márgenes del Lago Turkana (ex Lago Rodolfo), en el África Oriental.
Richard Leakey, aunque habiendo aprovechado las enseñanzas y experiencia de sus progenitores, no tuvo formación universitaria regular, lo que lo obliga a recurrir a especialistas para analizar y clasificar sus descubrimientos fósiles.
En 1968, Richard Leakey descubrió tres maxilares fósiles de Hominídeos, junto al Lago Turkana. En el año siguiente, encontró un cráneo de Australopitheco Bosei, semejante al llamado Hombre de Olduvai, encontrado en 1959.
En 1972, uno de los hombres del equipo de Richard Leakey -- Bernard Ngeneo - encontró restos fracturados de un cráneo que fue denominado posteriormente de Cráneo 1470, número sacado de la clasificación del fósil en el Museo Nacional de Kenya. Los fragmentos encontrados fueron ajuntados y solidificados, formando el cráneo de un ser que clasificaron como homínido.
Richard Leakey atribuyó a ese cráneo 1470 una edad tan grande que pode, entonces afirmar: “O botamos fuera este cráneo, o botamos fuera nuestras teorías sobre el hombre primitivo”.
En particular, el descubrimiento de Richard Leakey más del que poner en jaque el fósil de Donald Johanson: lo eliminaba como ancestro del Hombre, pues, si el cráneo 1470 era el de un antepasado del Hombre, entonces, el fósil conocido como Lucy no podría considerarse más como tal. Los evolucionistas tenían que escoger entre uno o el otro. Los dos no podrían ser antepasados del Hombre.
Ocurre que también Donald Johanson consideraba que, después del descubrimiento de “Lucy”, ninguna teoría sobre el origen del Hombre podría ignorarlo.
El Cráneo 1470 era sorprendentemente avanzado para la enorme edad que le atribuían - entre 3 y 4 millones de años. El no presentaba los huesos superciliares salientes, y la cumbre del él era elevada. Su capacidad craniana era de cerca de 800 c/c., y su aspecto era aún más moderno del que el del Homo Erectus, esto es, tenía una apariencia más próxima del Hombre actual del que el hombre de Java y a del Hombre de Pekín.
Así lo describió Leakey: “En su conjunto, la forma de la caja craniana recuerda notablemente la del Hombre moderno, faltándole las pesadas y salientes arcadas orbitales, que son características del Homo Erectus de depósitos recientes en África y en Asia" (Walter Sullivan, art. Cráneo aumenta la historia, in O Estado de São Paulo).
El descubrimiento de Richard Leakey lanzaba a la basura, todos los fósiles idolatrados por los evolucionistas. Y hacía cuestión de presentarlo como el más auténtico y comprobado antepasado del Hombre.
“Aunque el cráneo sea diferente del de nuestra especie Homo Sapiens, es diferente también de todas las otras formas conocidas del Hombre primitivo, no encajando, pues, en ninguna de las teorías existentes sobre la evolución del Hombre”, afirmó R. Leakey. (Cfr. Walter Sullivan artículo Cráneo aumenta la Historia, in O Estado de São Paulo, ).
En 1981, surgió una primera divergencia. En cuanto Richard Leakey insistía que el cráneo 1470 era el de un Homo Habilis, un de sus científicos adjuntos, Alan Walker afirmaba que era un Australopiteco.
A pesar de esto Leakey insistía. En una conferencia en San Diego, en la California afirmó: “El Cráneo 1470 invalida todos las teorías corrientes sobre el origen del hombre, no exista nada más para ser colocado en lugar de ellas” (Cfr. D.T. Gish, op. cit. p. 166).
Otras dudas surgidas dicen respecto a la datación del Cráneo 1470: aun que encontrado en una camada antigua, estaba tan poco fosilizado que tuvieron que emplear substancias especiales para solidificarlo, y hasta una gota que cayese sobre él era capaz de perforarlo. Si era tan antiguo, debería tener un grado mucho mayor de petrificación. El propio R. Leakey, así como Alan Walker, habían afirmado esto. Entretanto, en 1973, Leakey dice que todos los fósiles hallados en el Lago Turkana eran pesadamente mineralizados. ¿Por qué la contradicción?
En debate con Donald Johanson, R. Leakey hizo una gran x sobre el árbol genealógico del Hombre propuesto por Donald Johanson en que “Lucy” era la figura principal, y cuando este le preguntó que colocaba en su lugar, Leakey escribió un grande punto de interrogación. Sobre esta grande divergencia, James Lewin, un articulista de la famosa revista científica “Nature”, escribió su famoso libro “The bones of contention” (“Los huesos de la discordia”), dejando claras las divergencias entre los antropólogos evolucionistas en nuestros días. Tal fue o escándalo causado por el libro de Lewin, que un dos comentadores del libro escribió que “al contrario de lo que muchos pregonan, la ‘objetividad’ científica es un mito" (Folha de São Paulo, 1989)
Habiendo en vista los datos contradictorios entre o Australopitheco “Lucy” y el Cráneo 1470, Stephen Jay Gould afirmó:
“¿Qué quedó de nuestra escala, si hay tres linajes coexistentes de Hominídeos (A. Africanus, el robusto Australopicineos, y el H. Habilis), ninguno de ellos derivando claramente del otro? Más aún, ningún dos tres desarrollando ninguna fuerza evolutiva durante su existencia en la tierra: ninguno de ellos haciéndose más cerebral o más erecto a la medida que se aproximaban a los días actuales." (S. Jay Gould apud D.T. Gish, op. cit. p. 171).
Por esas razones Stephen Jay Gould pasó a acreditar que no hubo un linaje directo, una ““escala que llevase del animal al hombre directamente, mas que la evolución se habría dado más como un arbusto que se ramifica en varias direcciones de que como un linaje directo.
Es un modo de mantener el dogma de la evolución de pié -- como un arbusto -- ya que la escala evolucionista se soltó.



4 - FÓSILES HUMANOS AUTÉNTICOS





En cuanto se hace cuestión de acentuar características de los Australopithecus para que se piense que son verdaderos ancestros del Hombre, se procura hacer creer que los fósiles que son realmente humanos tenían trazos casi animales. El llamado “Hombre de Neanderthal está exactamente en ese caso. Se procuró pintarlo de tal modo parecido con un macaco, que alguien dijo, con finura, que ese haya sido uno de los hombres más calumniados de la Historia.
El primer fósil de ese tipo fue descubierto en 1854, en el valle del río Neander, cerca de Duseldorf. En 1908, otro fósil semejante fue hallado en Saintes, en la región de Corrèze, en Francia. Después, innumerables otros ejemplares fueron encontrados a través de la Europa y Asia, demostrando que el llamado Hombre de Neanderthal habitó vastas regiones del mundo. Esa raza habría vivido desde unos 200.000 a 35.000 años atrás.
El fósil clásico de Neanderthal tenía como característica más marcada la gran protuberancia super-orbitária. Además de esto, su testa era pequeña, con ángulo facial acentuado, mandíbula prominente. Sus huesos indican que tenía una constitución física más corpulenta que el hombre actual
Aun que su rostro hubiese trazos groseros, que las reconstrucciones acentuaron aún más para aproximarlos del simiesco -- evidentemente para que se tendiese a aceptar la tesis evolucionista -- el hombre de Neanderthal tenía una capacidad craniana mayor que la del Hombre actual! Sabe-se bien que importancia dieron los evolucionistas a la capacidad craniana como elemento comprobador de la humanización. Mas, no caso del Hombre de Neanderthal, raramente se encuentra un libro que destaque el hecho de que ele tenía mayor volumen y capacidad craniana cerca de 10% mayor del que a del Hombre de nuestros días.
En cuanto a su exagerada protuberancia supra-orbital, se sabe, hoy, que esto era causado por acromegalia degenerativa, provocada por alimentación inadecuada.
Marcelin Boulle generalizó la idea de que el hombre de Neanderthal andaba con la pierna un tanto doblada, y el cuerpo un tanto inclinado, como los gorilas. Entretanto, muchos cráneos neanderthalenses encontrados presentan el foramen magnum idéntico al de los cráneos modernos, probando que la pretendida posición curvada que le fue atribuida es imaginaria.
Daniel Cohen afirma que el aspecto estúpido y la brutalidad comúnmente atribuida al Hombre de Neanderthal “son antes conjeturas que refleja la formación y los preconceptos del artista” que lo reconstituyó. Y añade:
“No hay prueba ninguna de que fuese estúpido. En realidad es un tanto desconcertante observar que el tamaño medio del compartimiento cerebral del Hombre de Neanderthal es un poco mayor del que el del Hombre moderno -- 1600 c.c. -- comparado con los 1.450 c.c. de este último“ (Daniel Cohen, estudio del Hombre de Neanderthal, in O Estado de São Paulo, 19 / I / 1969).
François Bordes dice de este fósil que ahora localizamos:
“Reconstrucciones los presentan como un poco mejores que los grandes macacos, y sus herramientas son descritas como groseras (...) la verdad es, entretanto, enteramente diferente” (F. Bordes, Mousterian cultures in France, artículo en la revista Science, vol. 134, p. 803, 1961).
El naturalista N. Mercier, analizando los descubrimientos arqueológicos hechos en St,. Cesaire (Francia), en 1979, llegó a la conclusión de que el hombre de Neanderthal coexistió con el hombre de Cro-Magnon. Esto comprueba entonces que el hombre de Neanderthal no fue predecesor del Hombre de Cro-magnon. Además de eso, ambos fueron fabricantes de instrumentos y herramientas toscas, aun que las del Hombre de Cro-Magnon sean más perfectas.
Ahora, en St. Cesaire fueron hallados fósiles neanderthalenses junto con instrumentos hechos por el Hombre de Cro-Magnon!
En 1989, la revista Nature publicó un artículo de autoría de científicos franceses e israelitas anunciando el descubrimiento de un esqueleto neanderthalense, que poseía el hueso hioideo, que es absolutamente fundamental para el habla. Esto comprobaba que el hombre de Neanderthal era anatómicamente capaz de hablar.
El Dr. Baruch Arensburg de la Universidad de Tel Aviv afirmó que los esqueletos encontrados en una caverna en Kebara, en Israel, tenía 60.000 años. El hueso hioideo de este fósil es idéntico en formato, tamaño, y posición al del Hombre moderno, y, por tanto, el hombre de Neanderthal podía hablar tanto como el llamado Homo Sapiens. (Cfr. O Estado de São Paulo, 28 / IV / 1989).
Otro descubrimiento hecho en las grutas de Shrinadar, en Persia, entre 1950 y 1980 por el Dr. Ralph Solecki, de la Universidad de Colúmbia, indica que el hombre de Neandrethal practicaba ya un culto a los muertos. Solecki encontró en Shrinadar siete esqueletos neanderthalenses recubiertos de polvo, que examinado, reveló poseer un gran porcentaje de polen de flores. Ahora, esto indicaba que el hombre de Neanderthal comprendía el símbolo de la flor, y, si colocaba flores sobre sus muertos, era porque creía que alguna cosa de ellos continuaba existiendo inclusive después de la muerte y putrefacción de los cadáveres. Por tanto, creían que había algo inmortal en el hombre, y que, de algún modo, habría una vida después de la muerte.
A respecto de eso, dice Daniel Cohen:
“El descubrimiento de las flores mortuorias de Shrinadar vino reforzar un argumento hace mucho tiempo expuesto por una minoría combativa de antropólogos y paleontólogos - que el hombre de Neanderthal es un antepasado directo y perfectamente digno del Hombre, y no una especie de producto final de una evolución simiesca”.

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